Zulema Bagur, la pintura sentida

Zulema Bagur, la pintura sentida

Una exposición retrospectiva es una excelente oportunidad para hacer un receso en el camino y revisar el trabajo llevado a cabo en un largo periodo de tiempo. En el caso de Zulema Bagur este receso es, además de ser una necesidad, una muestra de agradecimiento a todos aquellos que se ha interesado por su manera de sentir la pintura y de sentir Menorca, puesto que ésta es su inspiración constante, el palpitar de su pincelada. Esta primera exposición retrospectiva de la artista recoge veinticinco años de creación plástica construida desde una personalidad propia, un profundo sentimiento de comunión con el paisaje y una investigación permanente de los recursos pictóricos. La muestra pretende ser un espacio de diálogo entre la obra y el público, conduciendo a éste hacia una manera particular de vivir el paisaje menorquín. Zulema es un homenaje a Menorca, a una Menorca sentida y a una Menorca soñada donde cada brizna de hojas (?) , cada aliento del aire y cada piedra está contenida. El paisaje se convierte en un espacio de libertad, un espacio en el que la magia de la vida secreta de la piedra, las hojas y los árboles nos recuerda también nuestra condición terrestre. Porque somos también producto del espacio geográfico, de la tierra, el aire, el mar que nos da vida.

Su compromiso con el entorno se manifiesta también en su implicación activa con la vida cultural de la isla a través de sus colaboraciones con organismos como Joventuts Musicals, Diari Menorca, Ayuntamiento de Maó, Cruz Roja, Teatro Principal, y en la defensa y dignificación de la profesión.

Las inclinaciones por el arte surgen en Zulema muy temprano, cuando con dieciséis años realiza estudios de fotografía. Descubrir la fotografía significará sellar el compromiso con el arte que la acompañará el resto de su vida. Es la captación de un instante propia de la fotografía la que se esconde detrás de toda su búsqueda artística y el fundamento de su lenguaje. Zulema no está, sin embargo, interesada en el testimonio de la realidad, que es consustancial a la fotografía. Quiere crear una realidad diferente por medio de la pintura, le interesa representar la temporalidad en los paisajes, captar la apariencia huidiza de la piedra tallada, del mar, y pintarla con el corazón, con el sentimiento. En palabras de Pissarro, se trata de “no proceder según reglas o principios, sino de pintar lo que se observa y lo que se siente.” La pintura de Zulema es pintura sentida, nacida de un impulso que la lleva a trabajar el color en la forma de una sinfonía.

“El color es música”, dijo Robert Delaunay. Zulema Bagur trata el paisaje menorquín con personalidad propia. Partiendo de esbozos, fotografías y pensamientos escritos a plein air, reelabora luego en el estudio las impresiones vividas y reinterpreta el paisaje con un lenguaje construido mediante una pincelada y unos colores característicos. Tanto ésta como éstos, se convierten en elementos clave para provocar una reacción emotiva en el observador. La pincelada unidireccional y la larga de “Illa connexió III. Aèria costa sud Menorca” contrasta con la de “Arquitectures vora el port. Ciutadella”, multidireccional y corta. En el primer caso, el efecto es más atmosférico y refuerza el sentido del paisaje, el encuentro placentero entre el mar y la tierra; en el segundo caso, el efecto es más vigoroso, casi violento, con la presencia del rojo y las tonalidades cálidas que imperan.

La pincelada en Zulema Bagur actúa a menudo como caligrafía pictórica rítmica y pseudo puntillista que aporta al paisaje menorquín una nueva lectura. Su acierto radica en haber sido capaz de recrear un paisaje que el observador acostumbrado a la isla completa desde su propia memoria y afectos. Esta pincelada descriptiva, libre y espontánea, no se corresponde con la forma, es sólo la expresión de la esencia y de la apariencia del motivo, poco interesan a la pintora los detalles (“Aromes en grog”).

La expresión de la pincelada se completa con un uso exuberante del color, un color que es la luz de sus paisajes y que configuran el clima emocional que la pintora nos transmite. Zulema Bagur frecuenta los colores puros o con poca mezcla. En ocasiones solamente un punto de siena tostada para encontrar un matiz que haga del azul ultramar un color más cercano a la tierra. Encontramos azul turquesa, azul cobalto claro, verde esmeralda, verde cinabrio, gris de payne, amarillo ocre, tierra siena tostado, carmín de garanza, laca geranio, amarillo cadmio claro y blanco de titanio, salvo el negro. El negro, el no color, la máxima oscuridad, no está presente en su pintura y las sombras son construidas con otros colores.

Luz, gesto y color se convierten así en la expresión de los lugares de la isla que más atraen a Zulema Bagur: las canteras, los caminos, los puertos, el mundo vegetal, lar arquitecturas y las perspectivas aéreas. En cada uno de estos temas, la autora expresa una manera personal de sentir el arte y su identificación con el paisaje siendo a menudo los grandes formatos los que mejor expresan este sentimiento. En las perspectivas aéreas la pintora destaca por su capacidad para captar el aire y crear la atmósfera que nos hace sentir partícipes e integrados en el paisaje desde la lejanía. En el mundo vegetal, la pincelada cambia, se vuelve más sutil y esencial, como en los lienzos de árboles si hojas, en los que se acerca a los pintores orientales y, en especial, al periodo Edo japonés, que tanta influencia tuvo también en el movimiento impresionista. La pincelada de Zulema Bagur a qué hacíamos referencia anteriormente es la gran protagonista de las series de los puertos y los caminos. En ellas, las pinceladas aparentemente inconexas son percibidas como un todo unitario, como ya intuyeron los impresionistas y como después demostró la psicología de la Gestalt. En su evolución, la artista ha ido dando cada vez más protagonismo a esta pincelada, dotándola de más intensidad y expresión.

Es especialmente interesante la serie de las canteras, en las que se experimenta con el collage, se libera el gesto y se busca el radicalismo en la composición. El primer premio, Medalla de Oro, del Salón de Primavera del Ateneo de Maó (2008) y el primer premio Sant Antoni-Sa Nostra (1996) son un reconocimiento a esta línea de investigación, evidenciando la extraordinaria capacidad creativa de la autora.

El interés permanente por la expresión plástica y la firme determinación y constancia en el trabajo la han llevado también a investigar otras técnicas como la creación de vitrales (proyecto Reynolds), la acuarela (serie “Desnudos”) y las instalaciones (“Germinación” y “Diálogo”) Destacan en acuarela la sutileza con que las aguadas se superponen y la adecuación al mensaje que quiere transmitirse. Este deseo de transmitir y comunicar ha llevado a Zulema a desarrollar también una exitosa actividad literaria que se ha visto reconocida en premios y que se ha trasladado incluso a la tela, buscando una simbiosis entre pintura y escritura, explorando siempre el “paisaje escrito, paisaje pintado”.

Este recorrido por la obra de más de dos décadas constata que la pintura de Zulema es una pintura honesta, sincera, emotiva y enraizada al territorio, nacida de un profundo sentimiento humanista que la ha hecho merecedora de un lugar destacado en las artes plásticas menorquinas y baleares.

 

Carles Jiménez Jorquera

17.4.2015



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