Toni Vidal – Vida y silencio

Toni Vidal – Vida y silencio

Cinco gatitos de madera policromada y una mariquita que corre al darle cuerda me acompañan mientras escribo estas palabras sobre Toni Vidal. Estos regalos que me hizo en las diversas visitas que le hice a su piso de Barcelona y a la casa de Es Castell me transportan a un mundo en el que las pequeñas cosas adquieren una dimensión universal y un significado distinto. En una ocasión, Toni se sacó del bolsillo tres piedras cogidas del mar, de las que nunca se separa, para llamarme la atención sobre la belleza del mundo. Fue entonces cuando comprendí las razones de su trabajo y su profundidad. En un mundo en el que el arte, al igual que la fotografía, está más interesado a menudo en cuestionar nuestra percepción de la realidad a través de malabarismos intelectuales y propuestas confusas, Toni Vidal nos propone un arte cuyos fundamentos se anclan en la verdad, la emoción y la sinceridad.

La exposición antológica organizada por el Consell Insular de Menorca coincide con el quincuagésimo aniversario de su primera exposición en una galería de arte, la Sala Aixelà de Barcelona, en 1968. Desde entonces Toni Vidal ha venido trabajando incansable, silenciosa y aisladamente, en un camino que le ha llevado a crear un archivo fotográfico de miles de imágenes, muchas de las cuales permanecen aún en la oscuridad como negativos. En esta exposición, algunas de esas imágenes han visto la luz después de haber estado concebidas hace decenas de años junto a otras bastante conocidas, y que actualmente son símbolos encarnados, según palabras de Arthur Danto. En estas últimas fotografías, conocidas por muchos, de una fuerte carga simbólica, la excelencia se encuentra en el valor de las ideas que encarnan y en las actitudes que provocan. Aunque la obra de Toni Vidal es heterogénea, la naturalidad de su arte y los valores éticos y morales convierten al conjunto en un corpus coherente y consistente, al margen de las modas y las directrices que las autoridades fotográficas imponen con demasiada frecuencia.

Entendida por lo tanto como antológica, la exposición desea ofrecer al visitante un recorrido por su trayectoria con una selección de las fotografías que mejor transmiten el espíritu de cada uno de los temas desarrollados por el autor: Retratos; Conciencia Social (Hombres/Mujeres/Trabajo, Gas Maó y La España Industrial); Menorca; y el Espíritu Poético. No obstante el origen de todos lo encontramos en su trabajo como retratista, que llevó a cabo entre 1951 y 1967, en Es Castell, y que también está presente en la muestra. Con diecisiete años Toni Vidal, pariente lejano del fotógrafo menorquín Llorenç Miquel, y con el asesoramiento de Pere Martorell, abre un estudio fotográfico en la calle de Sant Ignasi. Con una ampliadora que ya entonces era antigua y un laboratorio sin agua corriente aprende a revelar y a retocar negativos, a positivar, a poner luces y a colocar a los clientes para conseguir lo mejor de cada uno. Tres gramos de etanol, cinco de hidroquinona, veinticinco de sulfito de sosa anhidro, treinta gramos de carbonato de sosa potásica, un gramo de bromuro y grandes dosis de respeto para con el modelo atrajeron a centenares de soldados, mujeres, niños, parejas, campesinos, pescadores y tenderos que preguntaban: «¿Y en esta cueva haces estas fotos tan buenas?». Esta experiencia le permitió a Toni Vidal lograr el dominio técnico con el que más tarde exploró, con tanto éxito, los recursos de la luz.

Nacidas para registrar los rasgos físicos en 1854 con André-Adolphe-Eugène Disdéri (1819-1889), las fotografías de carnet evolucionaron muy pronto como género hacia el retrato. Toni Vidal también se sintió atraído por las potencialidades de este género y en 1970 el autor presentó la exposición «Artistas catalanes contemporáneos». Comenzaba uno de los caminos más fructíferos de su producción. Desde la admiración, el respeto y el cariño, los retratos de los artistas, intelectuales, poetas, escritores, monjes y exiliados que Toni Vidal nos ha dejado sorprenden por su complejidad psicológica, su minuciosidad y su profundidad. El rostro es el espejo del alma, o retratar es desenmascarar, decía Émile Zola. La capacidad de penetración de la cámara de Toni nos pone al descubierto el dolor, la alegría, la tristeza, la fuerza interior, la ironía de todos ellos. Son especialmente impresionantes por sucapacidad de profundizar en el personaje las fotografías de Josep Pla, Joan Fuster y Maria Aurèlia Capmany.

En los años sesenta Toni Vidal vivió los síntomas de una Menorca que comenzaba a transformarse social y económicamente. El equilibrio entre el sector primario, secundario y terciario, denominado la vía menorquina del desarrollo, pronto dejaría de ser una realidad. Los encargos que Toni Vidal fotografiaba solían ser nuevas construcciones, concebidas para un turismo creciente. Eso le hizo volver la cámara hacia una Menorca en peligro de extinción y a la que muy pocos prestaban atención. Los paisajes y las formas de vida de aquella Menorca eran progresivamente olvidados por una Menorca que comenzaba a explotar el turismo con el lema «Isla blanca y azul». Toni Vidal se inicia así en el camino de la fotografía entendida como documento… y como arte. Aunque su primer impulso fue dejar un registro de lo que testimoniaba, la sensibilidad con la cual supo captar la luz, las personas y los objetos ha otorgado a su obra un valor artístico de primer orden. Menorca, Gas Maó, Hombres/Mujeres/Trabajo y La España Industrial son actualmente ejemplos extraordinarios de cómo, mediante el dominio absoluto del claroscuro y de los blancos y negros imposibles, se pueden dar nuevos significados a la realidad visual. Más allá de la nostalgia o melancolía de aquella Menorca ya desaparecida o de aquellos oficios de antaño, el autor nos propone una mirada distinta, transformándola. Decía Roland Barthes en el libro La cámara lúcida: «La fotografía solo adquiere su valor pleno con la desaparición irreversible del referente, la muerte del sujeto fotografiado o el paso del tiempo».

De esta manera Toni Vidal se convierte en prescriptor de sentidos y significados. Podemos aproximarnos a sus fotografías como historiadores, antropólogos, arquitectos, sociólogos, geólogos, biólogos, buscadores de belleza y emociones, estetas o exploradores de los secretos de la vida que contienen. Dice Toni Vidal: «Tanto si se trata de fotografía, escritura o música, cualquier intento de explicar lo que tenemos en nuestro interior o delante de nosotros se debe hacer con un dominio técnico impecable y una sensibilidad que sepa sacar a la luz una parte de esta vida, energía». Precisamente por eso sus fotografías hay que habitarlas, no visitarlas.

Ante un mundo ruidoso y con grandes dosis de artificio Toni Vidal nos invita al silencio. En su fotografía pervive la quietud de un tiempo suspendido que nos transporta a un eterno presente. Aquí radica la sensación de misterio que producen los huertos de Sant Joan, el Moll d’en Pons, las rocas o las cebollas. Como decía Maurice Maeterlinck (1862-1949): «Creemos que hemos descubierto una cueva secreta repleta de tesoros, y cuando salimos a la luz del día nos encontramos con piedras falsas en las manos. Y sin embargo, el tesoro todavía brilla en la oscuridad, inmutable».

De manera que hay que abrir los ojos y el corazón, nos dice Toni Vidal. Son las pequeñas cosas las que contienen el universo y su belleza. Y Menorca, una pequeña isla mediterránea, hecha de luz, viento y piedra, donde muere la tramontana, provee al autor de una poética visual construida desde la autenticidad y el silencio.
Hacia 1987 el autor inicia un nuevo camino hacia la sintetización y la esencialización del objeto fotografiado. Después de la exposición «Hombres/Mujeres/Trabajo» en 1983 en la Fundación Miró de Barcelona, en la que presenta doscientas fotografías, su difícil encaje en el circuito expositivo se hace progresivamente más evidente. Prevalecen las tesis de una concepción de la fotografía marcadamente conceptual que empujan al autor hacia el autoexilio. En respuesta a ello Toni Vidal nos sorprende nuevamente redirigiendo el objetivo de su Hasselblad hacia lo más sencillo, lo más austero, lo más pobre: las rocas y los vegetales. Allí descubre una belleza que es manifestación pura de la belleza del universo. Al igual que los antiguos tenían a las piedras por elementos sagrados, también él ve lo sagrado en ellas: «basta un grano de arena para ver toda Menorca». Al introducir el color nos revela la riqueza infinita de las texturas, formas, nervios, venas y caprichos de los guijarros esculpidos por el agua y el viento… «Los guijarros son frutos de la tierra que el mar hace madurar». No tiene ningún afán de realizar un ejercicio esteticista, un malabarismo intelectual o una disección del objeto retratado, «únicamente mostrar la vida y presentarla con toda la emoción posible».

Dice Joan Oliver: «el hombre que descubre la piedra, que la ama, que la piensa […] el poeta de la piedra». Y efectivamente, Toni Vidal descubre estas piedras, guijarros, cantos y roquedales para llamarnos la atención sobre la belleza y lo sublime de sus formas, colores y texturas, al igual que años antes habían hecho los pintores informalistas en Francia, España y Alemania y el arte povera en Italia. Sin embargo Toni Vidal va más lejos. A esta poética visual, concebida como una sinfonía de colores y formas, le pone letra, la letra de los poetas que con sus palabras llegan donde no llega la imagen, acercándonos así al arte total, aquel que Jean-Auguste-Dominique Ingres buscaba con el violín o Miquelangelo Buonarroti con la arquitectura. Los libros Menorca tot just ahir (Triangle Postals, 1999), Roques de Menorca (Triangle Postals, 2005) y, especialmente, Vestits de ceba (Triangle Postals, 2012) son este sentido auténticas joyas y se inscriben en la categoría de libro de arte, libros para ser leídos, contemplados y vividos, objetos poéticos. Las fotografías de las túnicas que envuelven las cebollas nos hablan, con su fragilidad, como «cuerpos gráciles que danzan entre tules» (Àngel Mifsud). Él, Joan Brossa, Joan Perucho, Pere Xerxa, Josep Palau i Fabre, Narcís Comadira, Antoni Moll Camps y muchos otros forman una constelación de versos que magnifican la vida que Toni Vidal nos muestra con veracidad, profundidad y ternura. Como bien dice Susanna Rafart, es el fotógrafo que mejor conocen los poetas y el poeta menos conocido por los fotógrafos, en un constante exilio interior que nos recuerda al de los monjes de Montserrat que tan bien supo retratar.

Esta exposición antológica es un gran homenaje a Toni Vidal, pero también a todos los poetas que junto con la música de sus palabras nos han acompañado por estos nuevos mundos que Toni Vidal nos ha descubierto. Quiero agradecer sinceramente los versos que Margarita Ballester, José Corredor-Matheos, Pere Gomila, Francesc Florit Nin y Sònia Moll han dedicado a nuestro gran fotógrafo del siglo xx en este catálogo. Resulta alentador ver que este Toni Vidal modesto, solitario, comprometido con la humanidad, amante de todo lo que nos rodea, incluso de un grano de arena o una brizna de hierba, tiene tantos amigos que le aprecian y le quieren de verdad. Y entre todos ellos, Lucienne, que con su luz ha iluminado la vida de Toni noche y día.

Toni Vidal, el escritor de la luz, el prescriptor de sentidos, el descubridor de vidas.

Carles Jiménez
MIEMBRO DEL ComisariADO



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